¿Qué es la ICV?
ICV son las siglas de Integración del Ciclo Vital, una terapia de reciente creación desarrollada por Peggy Page que se basa en las últimas investigaciones en neurociencia y neurodesarrollo sobre ansiedad, trauma y apego. Cuando se experimenta un suceso emocionalmente estresante, el cerebro no procesa la información de la misma manera que cuando estamos en un estado emocional de calma. Digamos que no se dan las condiciones necesarias para poder “digerir” esa información adecuadamente.
Por ejemplo, si cuando eras un niño tuviste un incidente con un perro y te llevaste un susto muy grande, puede ocurrir que desde entonces cada vez que ves a un perro tengas palpitaciones y sientas pánico, a pesar de que el animal no represente ningún peligro en la actualidad.
En la actualidad una parte de ti puede entender que ya no tiene por qué tener miedo y sin embargo, otra parte de ti “no puede evitar” entrar en terror.
En ICV logramos acceder a esa memoria corporal “estresante” representada por ese niño interior y conectarla con el Yo Adulto que sabe que ahora ya se puede proteger y poner a salvo.
¿Cuándo es interesante hacer esta terapia?
Cuando una persona ha vivido en entornos poco nutritivos o no suficientemente cuidadosos con la crianza, entonces posiblemente su cerebro haya tenido que estar en ese modo de “supervivencia emocional” que le impedía integrar adecuadamente las experiencias de su vida. Es entonces cuando hablamos de problemas o trastornos de apego que le va a impedir tener de adulto relaciones personales adecuadas y satisfactorias. La ICV es especialmente eficaz en estos casos ya que puede acceder a esas memorias incluso preverbales (de 0 a 2 años) o prenatales (memorias de gestación) y reparar las heridas que hayan quedado desde entonces.
En otros casos, las personas se desarrollan en familias más estructuradas y seguras, pero en un momento determinado viven una experiencia emocionalmente difícil (por ejemplo, acoso laboral, una infidelidad, un accidente de coche, diagnóstico de una enfermedad grave…) y notan que no pueden continuar con sus vidas porque tienen ansiedad, obsesiones, insomnio, flashbacks,… en esos casos podríamos hablar de trastornos de estrés postraumático. La ICV facilita un alivio fisiológico y psicológico sorprendentemente rápido.
La ICV se ha mostrado igualmente eficaz para abordar síntomas de depresión, ansiedad, fobias, problemas de relaciones sentimentales, baja autoestima, etc… y es capaz de generar un espacio terapéutico de enorme calidez y empatía que favorece el aprendizaje de la compasión y el cariño hacia uno mismo.
Si quieres cambiar tus patrones de apego, regular mejor tus emociones y dejar atrás los acontecimientos que viviste en el pasado, esta herramienta puede ser tu mejor aliada.